Hidalgo archivos | FuentesConfiables.com

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Sentados en los nichos a la Virgen de Guadalupe, en lápidas, en cualquier quicio de una tumba, bajo el seco Sol aguardan la llegada de uno de los difuntos; querían hablar, reconstruir los hechos como si con palabras pudieran cambiarlos, habían sobrevivido a la explosión ocurrida aquí y ahora lo cuentan.

Ninguno quiso decir sus nombres, entre risas decían que uno de ellos era el que podía contarlo todo, que de aquella tragedia solo le había quedado la boca desdentada y los recuerdos del horror, había salido de los campos de alfalfa para dejar sus bidones llenos de gasolina cuando llegó el flamazo.

La última voluntad del fallecido era que todos estuvieran con él y ahí estaban, “todos somos familia, por eso estamos acá, nos duele y esta es su última fiesta”, todo ese lado del panteón municipal del poblado era de la familia Rodríguez, al menos tres con el mismo apellido habían fallecido en la tragedia y las flores frescas en los montículos sueltos de tierra daban cuenta de ello.

Toda la semana han estado en el panteón, relatan al señalar a “Chito”, el desdentado que había visto la muerte de cerca y aún no sabía si quería contarlo, él solo reía, mientras que otro señalaba que: “Apenas toma consciencia, apenas se está haciendo a la idea de que sobrevivió, aunque todos en realidad tenemos quemaduras internas”, había de todo ese día, familias completas, niños, ese día habían acudido hasta los de los pueblos vecinos a sacar gasolina.

Otro de ellos, un muchacho de no más de 30 años, dijo que “lamentablemente todos piensan que somos huachicoleros, pero la verdad es que no, póngale ahí señorita, lo que pasó ahí fue una inconsciencia de todos”, comentó.

Explicó que de entrada, los huachicoleros operan en las madrugadas y en pequeños grupos. No van y llevan a sus familias, abundó. El día de la tragedia él también estuvo ahí, le tocó sacar a una niña calcinada, y todos coinciden que desde ese día no pueden dormir, nadie de los que estuvieron ese viernes.

Uno de ellos, que responde al alías de “El Pirulí” reconoció que fue una inconsciencia y no todos eran huachicoleros. “La verdad es que a muchos les ganó el afán de querer ir a echar relajo, nunca iban con la conciencia de que esa madre se iba a prender”.

Se enteraron de que había gasolina por redes sociales, por llamadas, por mensajes de WhatsApp, y antes de la explosión habían pasado cuatro horas y nadie les dijo nada.

Recordaron que primero había 25 soldados, aunque luego llegaron contingentes con más elementos del Ejército mexicano, el primero de ellos se quedó resguardando, sin decir nada a los que estaban en la embriagante fiesta por el energético.

Después llegaron dos grupos más de soldados para tratar de controlar y persuadir a las personas que se alejaran del sitio, pues debido a la exposición de los gases de gasolina, ya estaban mareados y sin mucha razón, pero ya no pudieron dominarlos, porque eran muchos, secundó otro de los que esperaban la llegada del difunto.

“Para nosotros sí fue un accidente”, había adultos mayores, mujeres y niños que se quedaron ahí entre las cenizas, “usted dígame si las señoras con sus niños se van a andar arriesgando a ser huachicoleras, fue la necesidad, vieron la oportunidad y acudieron”, señaló otro habitante conocido como “el Veracruz”.

“El Moles”, quien también fue a los campos de alfalfa dijo que el aroma del combustible ocasionó el desmayo a muchas personas, él también se sintió aturdido y prefirió salir de la zona, porque además había tanta gente que no se podía hacer nada.

Durante la calurosa espera recordaron a “el Matrix”, a quien sepultaron en días anteriores y sólo alcanzó a llegar a la camioneta con el cuerpo hecho jirones, donde estaba su papá “el Pinto”. Le dijo que ya se iba a morir y que por favor le cuidara a sus hijos.

Ante ello, ahora aseguran que todos somos huachicoleros, que somos la vergüenza de México, pero no es cierto, apuntó otro de ellos al decir que “esto nunca se nos va a olvidar, todos lo vamos a recordar siempre”.

El año pasado hubo una fuga en el mismo lugar, ese día no pasó nada, por eso el viernes todo el mundo se confió, “no eran huachicoleros, ellos saben cómo trabajar, no llevan a sus hijos, a sus esposas”, añadió “El Veracruz”.

También afirman que ellos no piden indemnizaciones, sino que solicitaron a las funerarias que ese día acudieron a sacar los cuerpos que los entregaran a sus familiares, “quieren diez mil pesos para entregarnos a nuestros difuntos”.

En su opinión, para la magnitud del siniestro sí estuvo bien que acudieran las carrozas fúnebres, lo que no estuvo bien es que se quisieran aprovechar de la tragedia del pueblo.

“Primero nos dijeron que no costaría ni un quinto, pero luego los de las funerarias ya querían diez mil pesos, lo que nos molestó fue que primero dijeran que no, pero ya luego que sí, por eso muchos no querían que se llevaran a sus familiares las carrozas, porque sabían que no tendrían para pagar después, y así fue”.

“El Moles”, que hablaba poco y que también perdió a un familiar en la tragedia, señaló que lo que pasó ese viernes “fue por la pobreza que se vive aquí en Hidalgo y es la verdad, porque todos fueron, habíamos muchos que no teníamos ni carro, entonces por querer ir a llenar un garrafón y sacar algo de dinero se murieron”.

“También fue la inconsciencia de la gente, porque sí había soldados, sí les dijeron que estaban en peligro y la gente no hizo caso, se metían a fuerzas, también fue culpa de la imprudencia de la misma gente”, señaló otro de los que esperaban el entierro de ese día.

Lo que molestó a la gente, añadió el “el Moles”, es que aventaban los cuerpos a las carrozas sin ningún respeto, a palazos, “no se vale como trataron así a los cuerpos, era personas, sí estaban muertas, pero los echaban como piedras a las camionetas”.

Sin poder contener el llanto, los lugareños lamentan que la gente use las redes sociales para burlarse de su dolor, a través de memes, pues cuando ocurrió el sismo de septiembre de 2017, ellos se dieron a la tarea de hacer una colecta de víveres y llevaron la ayuda a la Ciudad de México. 

Lo que había comenzado como una plática con Notimex se había vuelto una remoción de escombros y cenizas, la tristeza invadió al grupo al sonar las campanadas de la iglesia que anunciaban el fin de la misa oficiada para el difunto que habían esperado, ya faltaba poco para terminar con los entierros a los que habían acudido a lo largo de la semana.


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Un total de 51 personas siguen hospitalizadas en México, algunas de ellas en estado muy crítico, tras la explosión en una toma clandestina de gasolina, una tragedia que ya suma 89 muertos.

“Es muy doloroso todo esto. No podemos decir otra cosa. Estamos tratando de salvar vidas y esto es lo más importante”, remarcó hoy el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en su rueda de prensa matutina.

El pasado viernes en la tarde, un grupo de pobladores del municipio de Tlahuelilpan, en el céntrico estado de Hidalgo, reventó un ducto de hidrocarburo y empezó a sustraer, de una forma muy rudimentaria, la gasolina.

Tras unas dos horas, y pese a la presencia del Ejército, que poco pudo hacer para controlar la tunda de centenares de personas que se acercaron a recoger gasolina, se registró una fuerte explosión.

Desde entonces, la cifra de muertos no ha dejado de crecer. Entre cadáveres encontrados en la zona cero -algunos de ellos calcinados hasta los huesos- y a estos fallecidos se les han sumado, a cuentagotas, quienes han perdido la vida en centros médicos.

“De ayer a hoy desafortunadamente hemos tenido cuatro fallecimientos más, que sumados a los 85 que se anunciaron, hoy son 89 fallecidos a las 05.00 de la mañana (11.00 GMT)”, dijo el secretario federal de Salud, Jorge Alcocer.

Por la gravedad de las lesiones, se espera que la cifra de muertos siga aumentando en las próximas horas aunque las autoridades sanitarias están haciendo todo lo posible por salvar vidas, e incluso algunos pacientes han sido trasladados a un hospital especializado en Galveston, Texas.

“Tenemos que dar la mayor atención. (…) Tienen muchas posibilidades de salvar su vida, que es nuestra primera y única encomienda”, apuntó hoy, con velado optimismo, Alcocer.

Mientras los pacientes luchan por seguir en vida, en Tlahuelilpan -un pueblo rural de unos 18.000 habitantes- ya comenzaron los entierros de algunos de los fallecidos entre escenas de crudo dolor.

Muchos otros familiares siguen todavía pendientes de las pruebas de ADN que han de permitirles identificar los restos humanos encontrados, lo que es imprescindible para poder celebrar el funeral y cerrar, en la medida de lo posible, este trágico suceso.

El nuevo fiscal general, Alejandro Gertz, aseguró hoy que, con total independencia, se está integrando ya una nutrida carpeta de investigación sobre el caso.

Además, se citará a declarar a todas las autoridades que intervinieron en la zona antes y después de la tragedia, a fin de elaborar una cronología del suceso que permita esclarecer las causas del mismo, una de las peores catástrofes por explosión que recuerda México.

En días anteriores, resaltó que cabía la posibilidad de que la acumulación de gases de alto octanaje y una chispa por fricción de ropa sintética ocasionaran esta tragedia.

Hoy, no obstante, reiteró que no hay nada en claro: “No vamos a adelantar hipótesis hasta que no tengamos la manera de poderla ratificar. Y vamos a analizar con toda precisión” el suceso.

En tanto, la conferencia matutina del mandatario de México se centró, una día más, en el combate al robo de combustible de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex).

De acuerdo con cifras oficiales, en 2018 se detectaron 12.581 tomas clandestinas. Hidalgo fue el estado con más reportes, con 1.726.

Para evitar este ilícito, que genera pérdidas multimillonarias para la compañía, se reforzó la seguridad en los oleoductos, que han padecido numerosos sabotajes.

Y aunque se ha amplió el transporte mediante pipas (camiones cisterna), se produjo una situación de desabastecimiento en al menos diez estados del país, entre estos la capital.

El despliegue de miles de efectivos en los oleoductos no pudo evitar tragedias como la del viernes, que ejemplifica un modelo de sustracción de combustible muy rudimentario, ejecutado en gran medida por pobladores de zonas muy rezagadas.

Para acabar con el llamado huachicoleo (robo de combustible), López Obrador ha anunciado ayudas económicas a comunidades cercanas a los ductos.

Un programa que este martes y jueves presentará recorriendo varios pueblos donde el robo de combustible supone un importante sustento para muchas familias.


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El número de muertos por la explosión en una toma clandestina de hidrocarburo en Tlahuelilpan, en el estado mexicano de Hidalgo, pasó de 79 a 85 personas en las últimas horas, informaron hoy fuentes oficiales.

“Habíamos anunciado en la mañana (del domingo) 79 defunciones, y en estas horas se sumaron otras seis, que dan una cifra de 85 fallecidos”, detalló en rueda de prensa el ministro de Salud, Jorge Alcocer.

El titular de la Secretaría de Salud indicó que el número de hospitalizados ha pasado de 66 a 58, pues en las últimas horas, además de los seis fallecidos, se dieron dos altas por mejoría en la salud.

El gobernador del central estado de Hidalgo, Omar Fayad, resaltó la gran “dimensión” de la tragedia y tendió una mano a los familiares, asegurando que recibirán ayuda económica para el sepelio y se continuará con la investigación.

Recordó que en el sitio se encontraron 68 restos humanos y se identificaron nueve cadáveres.

Así, hay 54 muestras genéticas proporcionadas por familiares de las víctimas, y un número similar de carpetas de investigación abiertas.

Fayad reconoció que falta una “largo trecho por recorrer en el que pueden pasar horas, días, semanas o meses para la identificación de los restos”.

El gobernador no descartó acudir a organismos extranjeros para analizar los restos.

“Mi más sentido pésame y profundo respeto e intención de colaboración a las 85 familias de los hidalguenses fallecidos”, concluyó.

En su turno de palabra, el mandatario de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró: “No nos vamos a olvidar de esta tremenda tragedia”.

Aseguró que la investigación continuará hasta “fincar responsabilidades” y encontrar a los culpables de este suceso, una de las tragedias más mortales de México en décadas.

El viernes en la tarde, un grupo de pobladores del municipio de Tlahuelilpan, en el céntrico estado de Hidalgo, reventó un ducto de hidrocarburo y empezó a sustraer, de una forma muy rudimentaria, la gasolina.

Tras unas dos horas, y pese a la presencia del Ejército que poco pudo hacer para controlar a los centenares de personas que se acercaron a recoger gasolina, se registró una fuerte explosión.

Desde que llegó al poder el 1 de diciembre, López Obrador comenzó un combate frontal al robo de hidrocarburos a través de los ductos de la empresa estatal Pemex, que genera pérdidas millonarias para la compañía.

Para tal fin, se reforzó con miles de agentes la seguridad en los ductos y se transportó más gasolina con pipas (camiones cisterna), lo que ha causado una crisis de desabastecimiento en diez estados del país, con estaciones de servicio cerradas y compras de pánico.


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Familiares de las víctimas de la explosión de una toma clandestina en México denunciaron hoy a Efe irregularidades de las autoridades a la hora de identificar los cadáveres y también en la protección de las personas que sustraían gasolina antes de la deflagración.

Los habitantes del municipio de Tlahuelilpan corrieron cargados con garrafas y bidones en las manos cuando se empezó a escapar combustible proveniente de un ducto, empapándose el cuerpo de gasolina mientras un grupo de militares observaba la situación sin intervenir, contó a Efe Silvia Trejo.

“Ellos (el Ejército) debieron haber detenido a la muchedumbre cuando empezó a llegar, era su trabajo”, consideró la mujer, quien todavía espera noticias de su sobrino, presente en la explosión.

La inacción de los militares la hace sentir perpleja, indicando desconocer por qué no intervinieron e insistiendo en que podrían haber evitado una catástrofe de la que se desprenden hasta el momento 67 muertos y 75 heridos, según fuentes oficiales.

Otra mujer, Guadalupe López, quien también espera encontrar una resolución al estado de su familiar, aseguró que el Ejército hizo caso omiso a la situación.

“Únicamente había tres carros del Ejercito y no hacían nada, dejaban que la gente entrara, no hubo un plan de contingencia que no los dejara pasar”, expuso.

El titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio, subrayó hoy en rueda de prensa que militares intentaron disuadir a los pobladores de la zona pero estos hicieron “caso omiso y se tornan algunos de ellos poco agresivos”.

Además de esta crítica, varios familiares presentes durante la noche del viernes aseguraron hoy a Efe que, una vez detenidas las llamas y con la zanja en la que sucedió la explosión llena de cadáveres, llegaron un grupo de excavadoras para socavar los cuerpos con tierra.

Esto enfureció a los allí presentes, quienes relatan que respondieron con gritos y, fruto de la agónica situación, entraron en conflicto con las autoridades, pues imposibilitaba la identificación de los cuerpos.

“La fuga estaba ahí, llegaron las máquinas para tapar la zanja, la gente se opuso porque creímos que todavía había cuerpos ahí”, relató López.

Por su parte, otro joven hoy presente, Alfredo Guillermo Sierra, también remarcó a Efe que la noche de ayer llegaron excavadoras a esparcir toneladas de tierra. “Había personas todavía ahí y las taparon”, aseguró.

Esta situación volvió a repetirse la mañana de este sábado cuando las autoridades trataron de volver a esparcir tierra en el lugar de los hechos. Esta vez sí, los familiares lograron detenerlos, según relataron a Efe.

En estos momentos sigue la incertidumbre para los familiares, quienes expectantes luchan por obtener algo de información de sus seres queridos.

Esta explosión llega en mitad del pulso que la nueva administración mexicana decidió echarle al robo indiscriminado de combustible a la empresa estatal, Petróleos Mexicanos (Pemex).

Desde los últimos días de diciembre, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, decidió cambiar el modelo de suministro de hidrocarburos por uno que implica camiones cisterna para trasladar la gasolina.

También extremó la vigilancia de los ductos con el despliegue de miles de agentes que en esta ocasión, según los allí presentes, no funcionó para evitar la explosión. 


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Mientras peritos de la Procuraduría de Justicia del Estado de Hidalgo continúan con el levantamiento de cuerpos calcinados por la explosión de una toma clandestina de un ducto de Pemex en esta localidad, familiares de los fallecidos deberán practicarse pruebas genéticas para facilitar la identificación de los cadáveres.

Para recibir información, en el lugar del siniestro han acudido cientos de personas que buscan a sus familiares desaparecidos que pudieran encontrarse en el área donde ocurrió la explosión.

Las autoridades de la Procuraduría estatal han informado a estas personas que acudan al Ministerio Público que se ubica en Mixquiahuala donde se les practicará un examen de genética para que sea comparado con los restos de los cuerpos que han sido encontrados.

Quienes acudan a solicitar este procedimiento, primero deberán realizar una búsqueda en los hospitales a los que fueron trasladados los heridos, y de no encontrar a sus familiares, deberán manifestar su intención de que sean buscados en el área de la explosión.

En las oficinas del Ministerio Público local se encuentran 60 agentes para orientar a los familiares directos, al ser necesaria esta condición de consanguinidad para hacer un cotejo real.

En tanto, los peritos continúan con trabajos técnicos forenses que consisten en el señalamiento y levantamiento de los cuerpos, que en su mayoría se encuentran calcinados en su totalidad.

Algunos familiares han intentado traspasar las vallas colocadas por el Ejército y la Policía Federal en el área que ocupa un sembradío de alfalfa y donde se pueden observar prendas quemadas, bidones, cubetas y embudos improvisados.

De igual manera, la Policía Federal cuenta con algunas prendas en condiciones de que los familiares puedan identificar a sus parientes.


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Esta mañana, la autopista México-Pachuca registra el mayor aforo vehicular, con el ingreso de 34 unidades y la salida de 22 autos por minuto, informó la Policía Federal en el marco del Operativo Invierno 2018.

La corporación, en su división Carreteras, informó en su cuenta @PF_Carreteras de Twitter que por la autopista México-Querétaro, caseta de peaje Tepoztlán, entran 28 unidades y salen 20.

Detalló que por la autopista México-Cuernavaca, caseta Tlalpan, ingresan 19 autos y salen 10, mientras que el aforo vehicular por la autopista Peñón Texcoco es de 19 unidades que entran y 12 que salen por minuto.

La Policía Federal agregó que por la autopista México-Toluca entran 21 vehículos y salen 16, mientras que por la México-Puebla, caseta de peaje San Marcos, ingresan 18 unidades y salen 11 autos por minuto.


FuentesConfiables.comseptiembre 12, 2018
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Autoridades informaron que 12 personas llevan desaparecidas casi una semana, la última vez que se les vio se dirigían a Huichapan, pero hasta el momento sólo han sido localizadas las camionetas en las que se trasladaban.

Por su parte la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) informó que en el distrito judicial de Ixmiquilpan se abrieron cinco carpetas de investigación, entre el cuatro y cinco de septiembre.

A través de un comunicado oficial, la dependencia dio a conocer que la Policía Investigadora cuenta con los perfiles de los 10 hombres y dos mujeres extraviados y trabaja en el análisis de información que ha sido recabada junto con el Ministerio Público.

También se dispuso de la Unidad Especializada en el Combate al Secuestro (UECS); para privilegiar la localización de las personas desaparecidas y también para conocer lo ocurrido.

Los vehículos en los que viajaban las personas ya fueron asegurados por la PGJEH y se realizan diversas diligencias en torno a los mismos.


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